El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva,
al centro, recibe a los líderes en la Cumbre Sudamericana en el palacio de
Itamaraty en Brasilia, Brasil, el martes 30 de mayo de 2023GUSTAVO MORENO/AP
Los mandatarios reconocieron la
importancia de mantener un diálogo regular para impulsar la colaboración.
AGENCIA APBrasil
Los presidentes sudamericanos
lograron acordar una declaración en la que se comprometieron a diseñar una hoja
de ruta para supervisar una mayor integración regional, al término de una
cumbre celebrada el martes en Brasilia en la que el venezolano Nicolás
Maduro se robó la atención y de nuevas discrepancias destacadas.
En el documento, que fue una expresión de buenas
intenciones, los mandatarios reconocieron la importancia de mantener un diálogo regular para impulsar la colaboración y proyectar la voz de la región en el mundo.
El encuentro fue convocado y encabezado por el presidente
de Brasil, Luiz Inácio “Lula” Da Silva, quien por retomar el liderazgo en la región luego de su vuelta al poder por tercera vez a principios de año.
Asistieron además los presidentes de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador,
Guyana, Paraguay, Uruguay, Surinam y Venezuela. Por parte de Perú acudió a
Alberto Otárola, presidente del Consejo de Ministros.
El documento fue sellado tras
varias horas de debate y luego de que varios mandatarios
hicieron públicos sus cuestionamientos en contra del líder populista venezolano,
sobre cuyo gobierno pesan múltiples denuncias de violaciones a los derechos
humanos.
Maduro no quiso entrar a fondo
en ese debate y al término del encuentro dijo a los periodistas que primó “un diálogo respetuoso, tolerante, de unión en
la diversidad”.
El presidente uruguayo, el derechista Luis Lacalle Pou,
había criticado anteriormente al gobierno del venezolano en un mensaje que
transmitió en su cuenta de Instagram durante el plenario de jefes de Estado.
Sostuvo que en Venezuela hay muchos
grupos “tratando de mediar para que haya una democracia plena, por los
derechos humanos, para que no haya presos políticos”.
El mensaje fue difundido
cuando tenía lugar el debate a puerta cerrada de los mandatarios en el Palacio
Itamaraty.
Lacalle
Pou también cuestionó que la cumbre fuera antecedida la
víspera por un encuentro bilateral entre Brasil y Venezuela en el que Lula se
mostró totalmente a favor del líder venezolano, calificando de “absurdo” que
algunos gobiernos no le reconocen como el presidente debidamente elegido por su
pueblo.
La misma postura crítica expresó el chileno Gabriel Boric, quien aunque se alegró de que
Venezuela retornara a las instancias multilaterales, subrayó que eso
no significa “hacer la vista gorda” frente a las denuncias de violaciones a los
derechos humanos.
Al respecto, el dirigente
izquierdista chileno dijo que manifestó su discrepancia con lo señalado por
Lula luego de su encuentro con Maduro acerca de que los cuestionamientos al
gobierno venezolano son “una
construcción narrativa”.
“No son una construcción
narrativa; es una realidad seria y pudo verla en los ojos y el dolor de cientos
de venezolanos que están en nuestra patria que exigen una posición firme respecto a que los derechos
humanos deben ser respetados siempre y en todo lugar, independiente
del color político del gobernante de turno”, afirmó Boric.
Pese a sus críticas, el mandatario chileno acotó que
rechaza las sanciones impuestas a Venezuela por Estados Unidos y la Unión
Europea y pidió que sean levantadas.
Pablo Ibáñez, profesor de
geopolítica en la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro, dijo que era
urgente que Lula estrechara los lazos con
Venezuela, en parte debido a la frontera que comparten ya la necesidad de
ocuparse de los migrantes y refugiados venezolanos.
Pero puede haber ido demasiado
lejos en su abrazo al gobierno de Maduro, dijo Ibáñez.
El presidente de Argentina, el peronista Alberto Fernández, también
mantuvo un encuentro con Maduro en el marco de la cita regional y le pidió que
Venezuela vuelva a los organismos y foros internacionales.
Luego de la reunión, el
gobierno argentino dijo que debe acordarse una hoja de ruta con el oficialismo
y la oposición de Venezuela “donde se
trabajará en las garantías para el proceso electoral del 2024”.
Además resaltaron la necesidad
de que se levanten las sanciones impuestas a Venezuela.
En la cumbre también afloraron
discrepancias en torno a la idoneidad de la Unión
de Naciones Sudamericanas (Unasur) como foro de colaboración regional luego
de su práctica disolución debido a las diferencias ideológicas que persisten
entre los países del subcontinente.
En el documento final no
aparece mencionado dicho foro, que llegó a tener 12 socios y hoy solo acoge a
siete: Brasil, Venezuela, Argentina,
Bolivia, Perú, Surinam y Guyana.
Brasil y Argentina se
reincorporaron este año al bloque que ambos países ayudaron a concretar en 2008
junto a otras naciones gobernadas entonces por fuerzas izquierdistas o
centroizquierdistas.
El antecesor de Lula, el derechista Jair Bolsonaro (2019-2022), se había alejado
de Unasur, lo mismo que otros mandatarios conservadores que la fracasaron
inútilmente y abocada a arropar al populismo en Venezuela.
Lula acotó en su discurso de
apertura de la cumbre que no debería haber ideas preconcebidas sobre el diseño
institucional que los países sudamericanos podrían adoptar y que lo que debería
primar es un espacio “que nos permita discutir con regularidad y orientar las
acciones hacia el fortalecimiento de la integración”.
Los mandatarios acordaron
finalmente en la establecer un “grupo de contacto”, encabezado por los
cancilleres de los doce países reunidos, para evaluar “las experiencias de los
mecanismos de integración” y la elaboración de una hoja de ruta “que será
recibida a la consideración de los Jefes de Estado”.
Acordaron volver a reunirse,
en fecha y lugar que deben ser determinados.
Durante la cita de Brasilia,
el presidente brasileño intentó sortear las diferentes
posiciones en lugar de sus invitados a limar las asperezas luego de
años de desacuerdos, muchas de raíz ideológica.
Dijo que el grupo debería
discutir la creación de una moneda para desafiar la hegemonía del dólar
estadounidense, forjar un mercado
energético común, luchar contra el cambio climático y colaborar en defensa
y seguridad de la región.
Lula destacó el potencial de
la región. “Se espera que el PIB combinado
de nuestros países alcance este año los cuatro billones de dólares (4,000
millones de dólares). Juntos somos la quinta economía mundial. Con una
población de casi 450 millones de habitantes, constituye un importante mercado
de consumo”.
La definición de una agenda de
objetivos se topó además con las diferentes necesidades de los países, algunos
de los cuales sufren crisis políticas y económicas. Fuerzas
de izquierda y centroizquierda gobiernan en gran parte de las naciones
y la derecha está en el poder en otras o asoma como una alternativa política.
Así lo puso de manifiesto en mayo el éxito de los derechistas en Chile en la votación para elegir a los encargados de redactar una nueva Constitución. Un giro similar hacia la derecha es posible en Argentina, donde Fernández no se presenta a la reelección en octubre en un contexto de aceleración acelerada.